miércoles, 11 de abril de 2018

Año 2118


Año 2118

Visité a un conocido que está rehabilitando una casa del siglo XVIII en el Pirineo que ha estado muchos años deshabitada. Sorprende el inmenso hogar de campana con su hermosa chimenea que sobresale en el tejado.
Los muebles y la vigas de la cocina están ahumadas por el paso de los cientos de años que fueron secando las longanizas y chorizos en los clavos que todavía están esperando ser utilizados.
Le comento “con que sencillez vivía la gente”. A lo que me contesta “que lo mismo dirán de nuestra forma de vida dentro de 100 años”. Esto me hizo reflexionar y de aquí el título de este artículo.
Al salir, paseando por el pueblo constaté que muchas de las casas también eran del siglo XVIII, al igual que la casa ya derruida de mi padre que también tenía chimenea de campana rodeada en gran parte por la cadiera.

Casa Juan Vallés de Sarsa de Surta (1985). Sobresale la chimenea de campana
Nos cuesta poco ir 300 años atrás e imaginar cómo vivían nuestros antepasados. Apenas son 10 generaciones y tenemos conocimiento directo de 3 de estas generaciones y 2 más a través de personas que están vivas..
Así, las propias configuraciones de las casas son de 1718. Las enormes prensas de aceites son de 1818 (esta fecha indica la que tenemos en Barbastro en la calle Las Fuentes). El coche Ford T que compró mi abuelo fue fabricado hacia 1918.
Muchos de nuestros familiares superan los 95 años y son testimonio directo de sus casi 100 años de vida más lo que escucharon de sus padres y abuelos. Así, que nos es fácil saber su modo de vida.

Sin embargo, nos cuesta predecir el futuro. Somos muy buenos copiando y haciendo pequeñas modificaciones incrementales, como hemos vivido los que ya tenemos más de medio siglo de vida en la transformación tecnológica acontecida.
En literatura ha habido libros que han hablado de futuro en forma de utopía (un mundo maravilloso) y distopía (una perspectiva pesimista). En el cine y las series de televisión abundan estas últimas por dar más juego.
Existe la ciencia de la prospectiva que analiza distintos escenarios que pueden desarrollarse, pero desde que tenía 10 años se decía ya que el petroleo se iba a acabar en pocos años. Así, que los escenarios futuros no son clarividentes.
Yo creo más en la capacidad creativa que tenemos los seres humanos de planificar y hacer cosas que nunca hubieran estado en los escenarios que analiza la prospectiva.

Tres ejemplos claros son la educación obligatoria, la sanidad universal y las pensiones. Todo ello se ha forjado en España tan solo en las tres últimas generaciones.
Si nos movemos en el ámbito empresarial, ocurre lo mismo, la tecnología va más por delante que el uso que están haciendo las empresas y el que son capaces de asumir los consumidores.
Sin embargo, los marcos moral y sociales necesitan urgentemente de modificaciones que den credibilidad a la construcción de estos nuevos paradigmas sociales y económicos que los seres humanos somos capaces de desarrollar.
Vale la pena leer la entrevista (pinchar para leerlo) en El País el 3 de marzo al científico y activista ya nonagenario Noan Chomski en el que se le pregunta cómo ve la situación actual. Adjunto un párrafo como ejemplo.
...Vivimos la ficción de que el mercado es maravilloso porque nos dicen que está compuesto por consumidores que están informados que adoptan decisiones racionales. Pero basta con poner la televisión y ver los anuncios: ¿buscan informar al consumidor y que tome decisiones racionales? ¿O buscan engañar?...

El reconocido actualmente filósofo Giorgio Agamben, de 76 años de edad, remarca en sus libros esta necesidad de reinventar una cosmovisión. Así dice: ¨hay que dibujar de nuevo el mapa del espacio donde la sociedad ha situado al sujeto y sus facultades”.
Siento no ser capaz de ser preciso en pintar cómo será nuestra sociedad y nuestra economía dentro de 100 años. Creo que tenemos que huir de las distopías que nos asustan y crear un entorno satisfactorio para la mayoría de la sociedad.
Por cierto, en el 2118 se celebrará el milenio de la toma de Zaragoza por Alfonso I. Sus antepasados no pudieron hacerlo por la altura de las murallas. Fue necesaria la tecnología francesa que hizo sucumbir las murallas de Jerusalén para lograrlo. Ya vemos que hace mil años ya era importante la globalización y la tecnología.

Daniel VALLÉS TURMO

1 comentario:

  1. Gracias por compartir, me parece muy interesante. Un cordial saludo.

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